Lean las fuentes nuevas.
“La mala racha”
Mientras dura la mala racha pierdo todo. Se me caen las cosas de los bolsillos y de la memoria: pierdo llaves. lapiceras, dinero, documentos, nombres, caras, palabras. Yo no se si será gualicho de alguien que me quiere mal y me piensa peor, o pura casualidad, pero a veces el bajón demora en irse y yo ando de pérdida en pérdida, pierdo lo que encuentro, no encuentro lo que busco, y siento mucho miedo de que se me caiga la vida en alguna distracción.Eduardo Galeano
El décimo por Emilia
Pardo Bazán
¿La historia de mi boda? Óiganla ustedes; es
bastante original.
Una chica del pueblo, muy mal vestida, y en cuyo
rostro se veía pintada el hambre, fue quien me vendió el décimo de billete de
lotería, a la puerta de un café, a las altas horas de la noche. Le di por él la
enorme cantidad de un duro. ¡Con qué humilde y graciosa sonrisa respondió a mi
generosidad!
-Se lleva usted la suerte, señorito -dijo ella con
la exacta y clara pronunciación de las muchachas del pueblo de Madrid.
-¿Estás segura? -le pregunté en broma, mientras yo
metía el décimo en el bolsillo del sobretodo y me subía el cuello a fin de
protegerme del frío de diciembre.
-¡Claro que estoy segura! ¡Ya lo verá usted,
señorito! Si yo tuviera dinero no lo compraría usted ... El número es el 1.620;
lo sé de memoria, los años que tengo, diez y seis, y los días del mes que tengo
sobre los años, veinte justos. ¡Ya ve si lo compraría yo!
-Pues, hija -respondí queriendo ser generoso-, no
te apures: si el billete saca premio ... la mitad será para ti.
Una alegría loca se pintó en los negros ojos de la
chica, y con la fe más absoluta, cogiéndome por un brazo, exclamó:
-¡Señorito, poro su padre y por su madre, deme su
nombre y las señas (la dirección) de su casa! Yo sé que dentro de ocho días
seremos ricos.
Sin dar importancia a lo que decía le di mi nombre
y mis señas; y diez minutos después ni recordaba el incidente.
Pasados cuatro días, estando en la cama, oí gritar
la lista de la lotería. Mandé que mi criado la comprara, y cuando me la trajo,
mis ojos tropezaron (ran into) inmediatamente con el número del premio
gordo (first prize). Creí
que estaba soñando, pero no, era la realidad. Allí en la lista, decía realmente
1.620 ... ¡Era mi décimo, la edad de la muchacha, la suerte para ella y para
mí! Eran muchos miles de duros lo que representaban aquellos cuatro números. Me
sentía tan dominado por la emoción que me era imposible decir palabra y hasta (even)
mover las piernas. Aquella humilde y extraña criatura, a quien nunca había visto
antes, me había traído la suerte, había sido mi mascota... Nada más justo que
dividir la suerte con ella; además, así se lo había prometido.
Al punto (instantly) deseé sentir en los
dedos el contacto del mágico papelito. Me acordaba bien; lo había guardado en
el bolsillo exterior del sobretodo. ¿Dónde estaba el sobretodo? Colgado (hanging)
allí en el armario ... A ver... toco aquí, busco allá ... pero nada, el
décimo no aparece.
Llamo al criado con furia, y le pregunto si había
sacudido (shaken) el sobretodo por la ventana... ¡Ya lo creo que lo
había sacudido! Pero no había visto caer nada de los bolsillos, nada
absolutamente ... En cinco años que hace que está a mi servicio no le he cogido
nunca mintiendo. Le miro a la
cara; le he creído siempre, pero ahora, no sé qué pensar. Me desespero, grito,
insulto, pero todo es inútil. Me asusta lo que me ocurre. Enciendo una vela (candle), busco en los rincones, rompo armarios,
examino el cesto de los papeles viejos... Nada, nada.
A la tarde, cuando ya me había tendido (had
stretched out) sobre la cama para ver si el sueño me ayudaba a olvidarlo
todo, suena el timbre. Oigo al mismo tiempo en la puerta ruido de discusión,
voces de protesta de alguien que se empeña (insists) en entrar, y al
punto veo ante mí a la chica, que se arroja en mis brazos gritando y con las
lágrimas en los ojos.
-¡Señorito, señorito! ¿Ve usted como yo no me
engañaba? Hemos sacado el gordo.
¡Infeliz de mí! Creía haber pasado lo peor del
disgusto, y ahora tenía que hacer esta cruel confesión; tenía que decir, sin
saber cómo, que había perdido el billete, que no lo encontraba en ninguna
parte, y que por consiguiente nada tenía que esperar de mí la pobre muchacha,
en cuyos ojos negros y vivos temía ver brillar la duda y la desconfianza.
Pero me equivocaba, (I was wrong) pues
cuando la chica oyó la triste noticia, alzó (levantó) los ojos, me miró con la
honda ternura (deep tenderness) de quien siente la pena ajena (someone
else's pain) y encogiéndose de hombros (shrugging her shoulders)
dijo:
-¡Vaya por la Virgen! Señorito...no nacimos ni
usted ni yo para ser ricos.
Es verdad que nunca pude hallar el décimo que me
habría dado la riqueza, pero en cambio la hallé a ella, a la muchacha del
pueblo a quien, después de proteger y educar, di la mano de esposo y en quien
he hallado más felicidad que la que hubiera podido comprar con los millones del
décimo.
1. ¿Cuál es
la actitud del narrador hacia la lotería cuando compra el décimo?
2. ¿Por qué
se enoja el narrador con su criado cuando no encuentra el billete?
3. ¿Qué
contrastes o diferencias hay en la reacción hacia el billete perdido por parte
de la muchacha y del narrador? ¿Esperaba el narrador tal reacción de la
muchacha? ¿Por qué sí? ¿Por qué no?
4. ¿Qué
efecto tiene en la narración el cambio al tiempo presente? [línea 41] ¿Por qué
crees que la autora hace este cambio?
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